Una de las narrativas más perversas que persisten en la sociedad colombiana es la noción de que la corrupción está imbricada en el sistema y que las oportunidades se encuentran restringidas para aquellos con contactos o influencia.

En ese sentido, y siempre con el horizonte de transformación efectiva del ejercicio de lo público, Luis Ernesto ha impulsado en cada entidad en la que ha estado la noción de que debe ser el talento, y no la ‘palanca’, la ‘rosca’ o los contactos, lo que garantice el acceso a oportunidades laborales.